Sé que en estos cuatro años pasaré largas jornadas en el Consolat y que aquí, desde donde escribo este post, viviré buenos y malos momentos. Hoy quería compartir con vosotros algo que pasó la semana pasada y que no se me va de la cabeza. Leyendo a primera hora del día 24 de junio el Diario de Mallorca vi una noticia que hablaba de una
niña que había tenido un accidente en la Plaza Mediterráneo de Palma, se había electrocutado al bajar jugando por una barandilla metálica y poner su pie en un foco instalado en el suelo. Una serie de personas, en cadena, de forma improvisada y atendiendo todas a su voluntad de hacer todo aquello que estuviera en su mano por ayudar, consiguieron que la pequeña Estela salvara su vida.
El 30 de junio pasado recibí a estas personas (tres trabajadores de Emaya que la auxiliaron en primer lugar, Javier Linares, Daniel Ropa y Miguel Ángel Dols; al informático de la empresa Soltour, Pablo Vallejo; y al socorrista de Cruz Roja, Raúl Jesús Muñoz) con el único objetivo de darles las gracias por su acción y decirles que son un ejemplo para todos. Su acción no necesita publicidad para ser mejor, pero es justo que la sociedad sepa que héroes como ellos son los que sin duda nos hacen mejor a todos como colectivo.
